La Pieza del mes

Diciembre de 2021

Virgen con el Niño
Anónimo
Pintura sobre vidrio, Siglo XIX


 

«Virgen con el Niño», Eleusa o ternura en griego, también denominada Glykophilousa o Dulce Amante, es una forma iconográfica de representación del Niño Jesús y la Virgen María propia del arte bizantino, especialmente en los iconos.

Su origen está en el mundo copto (el Egipto cristiano); la Virgen sostiene al Niño, sus caras se tocan y el Niño pasa por lo menos un brazo alrededor del cuello o del hombro de su Madre, se distingue por la actitud de ternura entre Madre e Hijo, destacando la humanidad de este último.

El arte cristiano occidental, después de cierta resistencia y controversia inicial, adoptó la fórmula «Madre de Dios» en el Concilio de Éfeso, el año 431,  desarrollándose este mismo tema pero con diferentes representaciones: el Niño acariciando la barbilla de la Virgen; la Virgen amamantando, Virgen de la leche o Galactotrofusa; dándole de comer las primeras comidas sólidas al Niño, Virgen del cacillo o Virgen de las gachas; la Virgen sentada sobre el suelo o sobre un cojín, Virgen de la humildad; la Virgen adorando al Niño, Virgen de la Adoración, etc. 

En Occidente, los hieráticos modelos bizantinos fueron seguidos estrechamente en la Edad Media, pero con la creciente importancia del culto a la Virgen, en los siglos XII y XIII se desarrollan con más amplia variedad los tipos, para satisfacer la corriente de unas formas de piedad más intensamente personales. Muchas otras representaciones de la Virgen en comunicación con el Niño se irán ampliando a lo largo de los siglos y en las diferentes manifestaciones artísticas.

La primera representación de la Virgen con el Niño que se conserva puede ser la pintura mural en la Catacumba de Priscila, en Roma, en la que aparece la Virgen sentada amamantando al Niño, quien a su vez vuelve la cabeza para mirar al espectador.

La escena del cuadro que vemos muestra esa estrecha relación que existe entre ellos, ese fuerte vínculo que les une como madre e hijo, y que se denomina teológicamente Theotokos, que es la condición de María como madre de Dios. La Virgen lleva al Niño en su regazo, ambos aparecen mirando al frente, en actitud hierática. La función de esta composición es mostrar a los fieles a María como madre de todos los cristianos, identificada con la Iglesia. Se presenta de este modo la plenitud del amor entre Dios y el hombre, un amor cuya culminación solo se puede alcanzar en el seno de la Iglesia, uno de cuyos atributos es «Madre».

Se trata de una obra eminentemente popular, fechable en el siglo XIX, Ruth Matilda Anderson pudo fotografiar pinturas muy parecidas en 1928 en hogares de Montehermoso; las figuras de la Virgen y el Niño van enmarcadas por motivos florales, que son los mismos que se repetirán en el manto de la Virgen. Los colores son planos y la gama cromática prácticamente se reduce a los colores verde, rojo y blanco.

El cuadro forma parte de la colección de Bellas Artes del Museo de Cáceres desde el 14 de enero de 1974, es un Depósito de la Diputación Provincial de Cáceres y pertenece a la Colección reunida por D. Pedro Pérez Enciso.


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