La Pieza del mes

Diciembre de 2018

«Virgen del Rosario»

Anónimo
Óleo sobre tabla. Estilo barroco

 

A pesar de la tradición mariana existente en España, no es muy frecuente encontrar obras protagonizadas por la Virgen y el Niño de manera independiente. Los primeros ejemplos fueron importados de Flandes en el siglo XV, y en el Renacimiento serán artistas como Luis de Morales o Juan de Juanes los que realicen algunas escenas, especialmente obras de pequeño formato para devoción particular. En el Barroco sevillano serán Francisco de Zurbarán y Alonso Cano quienes empleen esta iconografía antes que Murillo, quien se convertirá en un auténtico especialista.

Con el paso de los años, las advocaciones a la Virgen María se van a ir diversificando, una de las más importantes será la del Rosario. Ya en la Edad Media se empieza a generar el culto a María con el título de Rosa Mística. La rosa es una flor asociada a la Virgen María, que recibe la denominación de «rosa sin espinas», es decir, sin pecado.

Si hacemos un recorrido histórico, probablemente la representación iconográfica más antigua de la Virgen del Rosario, de la que se tiene referencia es el Tríptico de la Iglesia de San Andrés de Colonia, pintado en 1474. El tema iconográfico de la Virgen de la Misericordia, es ciertamente aplicado a la Virgen del Rosario, como una de sus advocaciones primigenias. Las primeras representaciones de la Virgen del Rosario, ya sea en grabados populares como en las grandes pinturas y esculturas, la representan como Mater Omnium, teniendo bajo su manto la Humanidad.

Un elemento más respecto al surgimiento de la Virgen del Rosario es que antiguamente la conocieron también como patrona de los marineros, así se explicaría que cuando salían las flotas navieras españolas del puerto de Cádiz rumbo a América, en la nave mayor iba la estatua de la Virgen del Rosario, encabezando el rumbo de los navegantes, por eso se la conoce también como la Virgen Galeona. A partir del siglo XVII la rosa, en manos de la Virgen tiene un valor mucho más característico que las cuentas del rosario; Rosario significará diadema de rosas, y rosa es el símbolo de la Maternidad Divina, y también de la alegría.

En la obra que contemplamos, la figura de la Virgen aparece sentada, lo que significa que ocupa su trono de Soberana como Reina de sus fieles; en una mano lleva un ramillete de flores, del que también pende un rosario, en su forma original, con cuentas en forma de nudos que identifican los «pater noster y avemarías»; es el significado iconológico de La Gracia Divina que posee la Virgen, y la prosperidad que ella representa. La Virgen aparece vestida con una túnica roja, símbolo del amor, y un manto verde, también lleva un collar de perlas en el cuello y una corona cubre su cabeza. El Niño en brazos de la Virgen, vestido con túnica y con un ramillete de flores, igual que el de su madre, dirige su atenta mirada al espectador. También va coronado. La base del trono está rodeada de querubines o angelotes, tan característicos del Barroco, estilo en el que se enmarca la obra.

 

 


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