La Pieza del mes

Mayo de 2018

Cajas de cerillas
Cartón, papel y fósforos
Ca. 1945


 

 

Hasta la popularización de los encendedores de yesca, de gasolina o de gas, la forma en que se conseguía una lumbre fácil y rápida fueron las cerillas o fósforos, muy utilizados tanto por los fumadores como en las diferentes necesidades del hogar y de la vida cotidiana. En España, la fabricación y comercialización de cerillas fue objeto de monopolio por parte del Estado desde 1893; hasta 1908 funcionó como concesión y posteriormente el Ministerio de Hacienda asumió la gestión propia; sin embargo, en 1922 se opta por adjudicar las tareas a una única y nueva empresa surgida a tal efecto, la Compañía Arrendataria de Fósforos S. A., que se constituyó en noviembre de 1922 al fusionarse las anteriores Unión Fosforera Española S. A. y la Ibérica de Contratación y Publicidad S. A..

En la creación y ascenso de la Compañía Arrendataria de Fósforos intervino decisivamente el empresario Ildefonso Fierro Ordóñez (1882-1961), que también fundaría en 1925 Fosforeira Portuguesa, y en 1935 Fosforera Canariense, para atender el negocio en el archipiélago canario. Durante los años de la II República la fabricación de fósforos siguió siendo un monopolio estatal que funcionaba por concesión, sobreviviendo este sistema a la guerra civil de 1936-1939.

En la década de 1940, la escasez de materia prima en la Península tuvo que ser suplida gracias a los fósforos canarios de la compañía insular, pero el monopolio comenzó a tambalearse a consecuencia de la creciente competencia de los encendedores y la subida de los precios de las cerillas provocada por la escasa renovación de los procesos de fabricación. Finalmente, el monopolio desapareció en 1955 estableciéndose un impuesto sobre la venta de cerillas y encendedores. Finalmente, las fábricas del estado fueron adquiridas por el grupo empresarial de Fierro, que creó Fosforera Española, de manera que la mayor parte del negocio siguió en sus manos.

A lo largo de sus más de treinta años de existencia, la Compañía Arrendataria de Fósforos comercializó diferentes tipos de cajas de cerillas, que contenían entre 30 y 40 fósforos de papel Kraft recubierto de parafina, siendo la cabeza de sesquisulfuro de fósforo, que se prendía al frotarla contra el papel de lija que la caja llevaba en sus laterales. Entre esas cajas, fue muy popular la serie formada por cincuenta modelos que reproducían los escudos de las provincias españolas; estas cajitas se comercializaron al precio de 35 céntimos de peseta y gozaron de una gran popularidad.

Las cajas que exponemos datan probablemente de los años finales de la década de 1940 y corresponden al modelo básico que comercializaba la CAF y al de la serie de escudos españoles que representa el antiguo blasón provincial de Gran Canaria, y fueron donadas al museo por D. Antonio Herrero Peña.


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