La Pieza del mes

Julio de 2020

 

«Barrila» o barril de campo

Arroyo de la Luz

ca. 1980

 

Al llegar el verano y apretar el calor en la tierra extremeña, quienes deben realizar sus faenas agrícolas necesitan agua fresca para hidratarse y reponer fuerzas. La siega, que antiguamente llevaban a cabo cuadrillas de trabajadores hoz en mano, era una de las más duras tareas de todo el año. Para amortiguar el efecto de las cálidas temperaturas, los hombres y mujeres que participaban en estos trabajos tenían siempre a mano el inevitable botijo, también llamado barril o piporro, habiendo quedado en la tradición oral una clara memoria de su utilidad:

En febrero busca la sombra el perro;

en marzo, el perro y el amo;

y en abril, el perro, el amo y el barril.

Incluso mejor adaptada a las labores del campo que la del botijo, era la forma de la barrila, nombre que recibe en Arroyo de la Luz, también conocida como barril de campo carretero o alforjero, y que en otras zonas españolas es llamada cantimplora o botija arriera.

Las barrila era una de las piezas que más vendían los alfareros de Arroyo de la Luz, pues sus dos asas servían para pasar una cuerda de la que quedaba colgada tanto durante su transporte a lomos de caballerías como para cobijarla a la sombra de algún árbol y así mantener el agua fresca durante el trabajo. Así, los labradores podían «darle un tiento» a la barrila en las pocas ocasiones que podían tomarse un descanso bajo el sol. Los alfareros arroyanos fabricaban barrilas en una amplia variedad de tamaños: de «cinco en dos», «espigao», «alforjero», «gañanero», etc., existiendo también un tipo de barrila vidriada en color verde.

Arroyo de la Luz (conocida hasta 1937 como Arroyo del Puerco) es una de las escasas poblaciones cacereñas en que aún quedan alfareros; la fama de su producción es antigua y bien ganada, conociéndose testimonios de la calidad de cántaros y pucheros arroyanos ya desde el siglo XVI. A mediados del XIX había unas sesenta fábricas de loza basta en el pueblo, manteniéndose la pujanza de los alfares hasta el primer tercio del siglo XX, pero al igual que en otras localidades españolas, los avances tecnológicos, los cambios sociales y el éxodo rural fueron un duro golpe desde mediados de la centuria. En la actualidad aún trabajan tres importantes talleres alfareros, que siguen produciendo la tradicional loza de basto además de una atractiva loza vidriada en vivos colores, que se vende principalmente con fines decorativos.

Tradicionalmente los olleros de Arroyo tenían sus viviendas y obradores en el arrabal, próximo a la ermita de San Sebastián, patrono del gremio, y en su fiesta le cantaban coplas que recuerdan el oficio:

A Arroyo del Puerco

te vas a casar

pucheros y barriles

no te faltarán.


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