La Pieza del mes

Junio de 2021

 

«Alpes austriacos»

Óleo sobre lienzo. Teodoro Wagner

Siglo XX



 

«Alpes Austriacos» es una obra del pintor barcelonés Teodoro Wagner, nacido en 1905 descendiente de una familia alemana y próspero empresario de la publicidad que cultivó también su afición a la pintura, llegando a realizar varias exposiciones en solitario en Madrid y Barcelona en la década de 1950. Se trata de una representación, como gran parte de su obra, influenciada por el movimiento impresionista.

Dentro de la pintura contemporánea muchos movimientos pictóricos nuevos se van a desarrollar entre finales del siglo XIX y principios del XX, la mayoría nacidos en diferentes países europeos. En España tienen un desarrollo desigual, dependiendo de múltiples circunstancias, pero en muchos casos decisivos serán los artistas que los sigan y también las regiones, no será lo mismo el desarrollo de un movimiento artístico en las que están periféricas y mal comunicadas, en muchas ocasiones ni siquiera llegan a tener una mínima incidencia, que en otras más ricas, mejor comunicadas y en constante interrelación con Europa, donde los diferentes estilos modernos se conocen, se estudian y se siguen más de cerca.

El género del paisaje en la pintura figurativa española siempre ha tenido un gran arraigo y muchos seguidores, ya sean paisajes españoles, donde abunda la diversidad de escenarios, con cambios absolutamente extremos de unas regiones a otras, incluso en una misma comunidad la variedad puede llegar a ser de lo más heterogénea; como también el gusto por otros paisajes más exóticos o menos habituales en nuestra geografía.   

En el caso de la obra «Paisaje austriaco», es el reflejo de ese gusto un tanto esteticista de un paisaje de montaña muy sencillo, sin grandes pretensiones técnicas ni decorativas. En un primer plano vemos un lago de aguas cristalinas que pasan por una gama cromática entre azules, verdes y blancos; un lago que imaginamos limpio, sin contaminar por el hombre. En segundo plano, pero sin alejarnos mucho, la escena es un pequeño caserío disperso, con muy pocas viviendas a base de leves trazos o pinceladas de color; realmente esa alusión a la vida humana es casi anecdótica, pero lo determinante es esa imagen final, esa montaña rotunda e impresionante que va a dominar la escena, ella es la protagonista indiscutible. La naturaleza se impone con fuerza al resto de los elementos, en este caso incluso al humano.

La gama cromática de toda la composición se reduce, a azules, verdes, blancos… y muy puntualmente rojos, marrones y ocres. Para el paisaje trabaja con colores fríos y para las representaciones relacionadas con el hombre se decantará por tonos más cálidos. Utilizará el mismo tipo de pincelada muy suelta, en la que a veces más que representar sugiere las imágenes, predominando el color sobre la línea, con esas pequeñas manchas de color yuxtapuestas. La obra que exponemos forma parte de la colección de Bellas Artes del Museo de Cáceres desde el 7 de abril de 1986.

 


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