2020

Enero de 2020

Lucerna «de rana»

Cerámica

Egipto. Siglos III-IV

 

Las lucernas son lámparas portátiles que fueron utilizadas como fuente de luz en época romana. La luz artificial era común en todo el Imperio Romano, y las lucernas, fabricadas en plata, bronce o más comúnmente en cerámica, ofrecían una alternativa a la luz de las velas hechas de cera de abeja o sebo que resultaban más baratas de comprar, pero menos duraderas.

 

Las lucernas son utensilios de forma cóncava que cuentan con un depósito en su interior que servía para contener aceite de oliva, de algarrobo o grasa animal utilizado como combustible. El depósito se rellenaba a través de un orificio central. Para iluminar se prendía una mecha de fibras vegetales como lino o cáñamo, que se colocaba en un extremo en el área de la boquilla o pico y que se alimentaba del aceite contenido en el depósito. Además de servir para iluminar la vida doméstica también era una forma de medir el tiempo. Plinio señala que en las minas la duración de los trabajos se estimaba en lo que duraba el aceite de las lámparas. Los mineros tallaban en las paredes de las galerías unos huecos donde colocaban las lucernas, los lucernarios, y así tener las manos libres para trabajar.

 

Las lucernas de cerámica se hacían a mano, a torno o con moldes de arcilla o escayola; el uso de moldes se generalizó ya que una vez hecho se podía utilizar para crear muchas piezas, lo que significaba que se podían reproducir grandes cantidades con una calidad estandarizada. La arcilla fresca se presionaba en los moldes, uno para la parte superior y otro para la inferior que solía llevar el nombre del alfarero o taller marcado en la base de la lucerna. El alfarero luego uniría las dos partes con arcilla líquida, se realizaban los orificios necesarios, se pintaba con un engobe y se dejaba secar. Una vez secas las dos secciones del molde se retiraban, se cocían en el horno y ya se podía utilizar.

 

Muchas lucernas tienen cuerpos redondos u ovalados, o más elaboradas en forma de animales y partes humanas como la cabeza o los pies. Las lámparas con varias boquillas podrían contener varias mechas, produciendo así más llamas y más luz. La decoración varía enormemente y depende de la fecha de fabricación, algunas contenían una gran área circular central que permitía espacio para la decoración, con escenas cotidianas,  gladiatorias, sexuales, religiosas o geométricas.

 

La pieza del mes es una lucerna con un cuerpo casi redondo que representa de forma muy esquematizada a una rana. En la parte posterior se aprecian las patas traseras y en la delantera, un hocico curvado donde se sitúa el pico para la mecha. La parte central representa el cuerpo de la rana a través de un reticulado y en el centro está el orificio de llenado. Este tipo de lucernas por su iconografía se denominan «de rana» o «egipcias», ya que la mayor parte de estos ejemplares se concentran en Egipto, en el Valle del Nilo, donde fueron fabricadas y de allí llegaron a la Península Ibérica donde son extremadamente raras. Para los egipcios la rana simbolizaba la fertilidad y la resurrección; esta lucerna procede de algún lugar de la provincia de Cáceres.


 

Febrero de 2020

 

 Cuerna o colodra

 

 Asta de bovino

 

Malpartida de Plasencia. Primer tercio del siglo XX

 


 

 

La colodra es un recipiente, generalmente de madera o de cuerno, que los segadores solían llevar colgado de la cintura conteniendo agua y en el que guardaban además una piedra de afilar que usaban para aguzar el filo de la guadaña. Además, se llama también colodra o cuerna, al recipiente que utilizaban labradores y pastores para llevar líquidos, principalmente aceite o vino, o también para el ordeño del ganado ovicaprino; en ambos casos, el recipiente dispone de un fondo hecho con una pieza circular de madera o corcho que se fija con tachuelas dispuestas en el contorno del vaso, y en el caso de la cuerna para líquidos, se dispone también otra pieza que sirve como tapa que encaja para evitar que se derrame el fluido. Además, suelen llevar una presilla de cuero que sirve para fijarla a la cintura del usuario.

 

Colodras y cuernas eran elaboradas manualmente por pastores y agricultores vaciando las ramas de árbol –castaño, sobre todo– o el cuerno y tallando su superficie a navaja. Esta decoración a menudo incluía una fecha y las iniciales o el nombre del propietario, que no solía ser quien la había hecho, y en ella el artesano daba rienda suelta a su imaginación, representando motivos decorativos geométricos, vegetales o animales, al igual que escenas, algunas de las cuales bastante complejas, de temas faunísticos, ecuestres, amorosos o taurinos. El estilo empleado denota en general el esquematismo y la sencillez que dan la escasa pericia compositiva y técnica del artífice.

 

La cuerna para líquidos que exponemos como Pieza del mes presenta una elaborada decoración en bajorrelieve plano, en la que vemos varias figuras: un matador de toros tocado con una redecilla goyesca, ejecutando la suerte suprema al toro que embiste, un león acechando tras un alto árbol coronado por una flor estrellada, una diligencia tirada por dos caballos con su cochero en el pescante, y un dibujo geométrico, similar a un signo de escribano, que preside el campo decorativo flanqueado por un esquemático pino y una estrella de nueve puntas. Sobre el espacio ocupado por las figuras, una banda horizontal recorre todo el contorno de la cuerna con la leyenda “FELIPE TOMÉ FERNÁNDEZ”, nombre de su propietario.

 

Felipe Tomé (1882-1953) era natural de Malpartida de Plasencia y casó en 1917 con Juliana Morán. Fue un próspero empresario, propietario de una fábrica de harinas, y llegó a ser alcalde de Malpartida (1947-1949), constituyendo una fundación benéfico-docente por legado testamentario; sus herederos vendieron gran parte de su ajuar doméstico, incluyendo esta cuerna, al coleccionista placentino Pedro Pérez Enciso, quien a su vez vendió su colección a la Diputación de Cáceres, que la depositó en el Museo.

 

 



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